Análisis de A Plague Tale: Innocence

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A Plague Tale: Innocence es sin lugar a dudas uno de los grandes Sleepers del año 2019. Si en 2018 tuvimos joyas ocultas como Subnautica, Octopath Traveler o Vampyr, aquí toma el testigo la obra de Asobo Studio. Los franceses habían estado inmersos en obras destinadas al público infantil como WALL-E o Ratatouille pero en esta ocasión se lanzan directamente y a pecho descubierto con una historia desgarradora, cruel y dura, durísima.

El juego, que está disponible en Play Station 4, Xbox One y Pc, se sitúa en el año 1348, en plena guerra entre los Reinos de Francia e Inglaterra. La Peste acaba de llegar a Marsella. Los pueblos se cierran al mundo y la enfermedad devasta los campos. Dos hermanos de una familia de alta alcurnia, Amicia y Hugo, son perseguidos de repente por la Santa Inquisición, sin que nada les prepare para lo que está por venir. Deberán escapar de la guerra, la enfermedad y de un mundo en el que las ratas van a ser los jueces del devenir del ser humano.

El poder de la narrativa.

A Plague Tale: Innocence es un videojuego en tercera persona de corte pasillero.  Sin embargo, y aunque todo parezca estar ‘scriptado’, la profundidad de cada escenario es tan vasta que cualquier retazo en pantalla nos puede poblar la mente de sentimientos, recuerdos o estados. Cada casa, persona o montaña que vemos está tan cuidada que será muy fácil sumergirse en un contexto histórico tan devastador como fue la guerra de los 100 años, con franceses e ingleses en conflicto mientras la Peste Negra azotaba sin piedad a la población. Ahí entra la historia de Amicia y Hugo. Si bien controlaremos a Amicia durante el juego, Hugo, su hermano pequeño será pieza fundamental en la trama, y es que la hermana mayor deberá proteger a Hugo de los peligros que acechan en el exterior así como de un extraño misterio que lo rodea.

La parte jugable viene acompañada de cinemáticas en los momentos exactos que ayudarán a sumergirnos en una historia que es brillante de inicio a fin. Una carrera por escapar y sobrevivir tan bien narrada que cada suceso nos desgarrará el alma.

A Plague Tale: Innocence

Unos gráficos que abruman.

Es complicado despojarse de los malditos prejuicios cuando inicias un videojuego procedente de una desarrolladora Indie o de presupuesto Doble A, como es este caso. Es complicado porque asumes que trae taras como unos gráficos no acordes al momento más puntero. Y claro, vienes de jugar a lo más tocho de Naugthy Dog o Rockstar y piensas que vas a pasar de un cuadro de Rembrandt a uno dibujado por un niño de cuatro años.

Y entonces, ¿qué?

Entonces Asobo Studio te hunde a plomo el pecho con una puesta en escena totalmente apabullante, con un dibujado extenso y realista, el movimiento de la naturaleza (hojas, nieve, polvo…) totalmente vivo, y un uso de la iluminación tanto en entornos abiertos como cerrados muy acertado. La atmósfera creada para cada momento y escenario unida a unos rostros (que si bien podrían tener una tecnología mejor implementada expresan perfectamente la angustia y terror) hacen muy agradable la experiencia.

Y ahora, las ratas.

Si parecía desolador el panorama con dos niños, una guerra, una pandemia y la Inquisición, falta hablar del mayor escollo que nos encontraremos en la trama, las ratas. Ratas que solamente temen a la luz y al fuego (a fin de cuentas luz también). Ratas en las casas, en las calles y debajo de la tierra. El equipo de Asobo ha sido capaz de poner en pantalla hasta 5000 mil ratas al mismo tiempo con una gran armonía y sin resentirse en la tasa de refresco. Ellas van a ser el principal escollo, así que si tenéis musofobia (fobia a las ratas), este juego puede tornarse de una aventura a un survival en toda regla. La tensión que generan y en ocasiones el reto que va a suponer sortearlas jugando con el entorno, la luz o los químicos (de los que hablaré después) sumado a unos escenarios lúgubres, subterráneos o construcciones abandonadas ayudan a la inmersión en esa podredumbre y putrefacción del momento histórico.

A Plague Tale: Innocence

Al grano, cómo se juega a esto.

Esto es un videojuego de infiltración y de acción en el que prima la primera. Amicia posee una honda con la que podremos realizar potentes tiros con los que matar a un enemigo si le damos en la cabeza o por ejemplo sepultarlo tras romper una caja que se encuentra sobre él, pero en la que el éxito en cada encuentro lo encontraremos tras escondernos y pasar lo más desapercibidos que podamos. Junto a la honda, Amicia posee un repertorio de habilidades de fórmula alquímica (que se van desbloqueando conforme avanzamos) con los que poder dormir a los enemigos o despistar a las ratas. Habrá un árbol de habilidades (escaso eso sí) para mejorar la honda o el zurrón en el que llevar más objetos. Objetos que se encuentran por el escenario y que harán que avanzar no sea solamente avanzar, ya que tras cada esquina podemos encontrar importantes objetos de mejora o…coleccionables con su particular lore. Estas mejoras se realizan en mesas de trabajo que hay repartidos por cada capítulo.

               También nos vamos a encontrar con puzzles, bastante sencillos todos ellos, en los que activar palancas, dar órdenes a compañeros o jugar con la luz.

               En líneas generales donde más a gusto se encuentra el juego es en ese sigilo que plantea, agachados en la alta hierba y viendo cómo todo fluye con naturalidad a nuestro alrededor. La tecnología implementada para los guardias enemigos es simple, pero lo que de verdad va a marcar la jugabilidad del juego es el abanico de habilidades que se nos va a ir abriendo poco a poco y que terminará dotándonos de muchas opciones con las que sortear cada encuentro. Por eso, en los capítulos finales y ya con todo el repertorio de opciones en nuestras manos, enfrentarse al enemigo será un chorro de imaginación y posibilidades.    

La guinda, esas cuerdas que te penetran.

Buenos gráficos, buena historia, buena jugabilidad. No contentos con eso esta gente ha conseguido crear una música penetrante, utilizando en algunos momentos puntuales la percusión pero en su gran mayoría instrumentos de cuerda que te hacen vibrar como las propias cuerdas. De hecho, han contratado para ello a uno de los mejores compositores de videojuegos del mundo, Olivier Deriviere, autor de bandas sonoras como Alone in the Dark o Remember Me.

La música de A Plague Tale es capaz de brindar tensión como esos momentos en los que aparecen las ratas para atacar, pero también de imprimir esa armonía y paz a los momentos de calma en la historia.

A Plague Tale: Innocence

Entonces, ¿es buen juego?

Bueno no. Es buenísimo. Posiblemente uno de los mejores videojuegos de este corte que ha dado no ya la generación sino la industria del sector. La historia es adictiva y contundente, con una duración de 10 a 15 horas, una dificultad muy medida, y prácticamente sin puntos negros. Muchos lo comparan ya con The Last of Us, y aunque son palabras mayores, si este videojuego llevara el sello de Naughty Dog y no de Asobo, muchos lo catalogarían de Obra Maestra.

En mi caso, no necesito de titulares ni comparaciones. Simplemente he jugado A Plague Tale: Innocence y puedo afirmar que si existe un olimpo dedicado a los mejores videojuegos creados, este debería tener grabado su nombre en él con toda la sangre de las víctimas que se cobraron la maldita Peste Negra y la guerra de los 100 años.

A Plague Tale: Innocence

Carlos González Bravo.

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