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Tras un recorrido casi eterno, la editora Humble Games y la desarrolladora Old Moon, con el artífice de todo este proyecto Matt White a las espaldas, por fin han conseguido sacar al mercado Ghost Song, un Metroidvania en 2D de corte futurista. Cuando digo recorrido eterno es tal cual, y es que fue en 2013 cuando se inició el desarrollo de este proyecto financiado en Kickstarter y que casi 10 años después llega de golpe y porrazo a PC, PlayStation 5, Xbox Series, Nintendo Switch, PlayStation 4 y Xbox One. 

Ghost Song es literalmente y salvando las inalcanzables distancias con ellos, la fusión de Hollow Knight y Metroid. Lo curioso es que cuando empezaron el desarrollo, Hollow Knight no existía, y por eso Matt decía abiertamente que el juego tenía mucho de Dark Souls. Ahora, es imposible evitar la comparativa con la obra de Team Cherry al ver la similitud de la puesta en escena, sin olvidar nunca que Hollow Knight es un Dark Souls de inicio a fin.

 Ambientado en Lorian V y con un escenario de corte claramente futurista, este Metroidvania nos planta en un planeta inhóspito plagado de robots, criaturas y cientos de peligros. Old Moon describe el título como un juego atmosférico sobre el autodescubrimiento, terror cósmico y misterios antiguos. 

Nuestro protagonista despierta dentro de un traje blindado llamado Deadsuit. A partir de ahí, es tarea nuestra desentrañar todos los misterios de Lorian. Parece ser que no somos los únicos que hemos estado antes en Lorian, hay cuerpos de otras personas por el mundo, muchos de ellos con atuendos similares al nuestro. Las señas de identidad de los grandes Metroidvanias se sustentan en la combinación de exploración y combate. Esa sensación de qué nos deparará la siguiente puerta, qué habrá detrás de esa pared que descubres que puedes destruir o cuál será el siguiente atajo que nos facilite el camino de regreso. Ghost Song, además de brillar en eso, introduce una historia con un trasfondo muy interesante donde los protagonistas destapan todos sus temores, preocupaciones y deseos. 

Existe un componente de mejora de equipo bastante interesante, aunque no del todo bien implementado. Tengo la sensación de que, llegado un punto del juego, subir de nivel es prácticamente tarea imposible, necesitando cantidades ingentes de puntos de experiencia. Sin embargo, durante gran parte del juego, todo el sistema de descubrimiento de mejoras (doble salto, dash, escalada etc) sumado a ir subiendo los tres atributos de potencia de armas, vigor y determinación enganchan mucho. Lo novedoso en el sistema de combate es el blaster con el que disparamos, conforme más tiempo pasamos disparando, se irá sobrecalentando. Al sobrecalentarse, el arma se volverá más débil, pero…nuestros golpes subirán muchísimo en potencia. Esto puede parecer simple, pero le otorga al juego un toque muy estratégico que será vital con los enemigos más poderosos. 

Hay puntos de guardado durante el juego, aunque para subir de nivel solamente se podrá hacer en unas estatuas repartidas por el mundo, muy escasas todas ellas. Estas nos servirán a su vez para viajar rápido entre ellas y para reparar el equipo (cuidado porque cada vez que morimos nuestra barra de vida comienza más baja)

Nuestro traje contará con capacidad para implementar diferentes módulos a las armas secundarias y al traje. En total son 12 y 27 ranuras respectivamente y deberemos elegir meticulosamente qué tipo de potenciadores aplicamos, ya que todos consumen espacios de potencia, y esta tiene un cupo limitado. 

Si os iniciáis en este tipo de juegos, o incluso si estáis habituados a ellos, os recomiendo tener algo de paciencia en el inicio. A mí se me hizo cuesta arriba, aunque en cuestión de una hora estás habituado al arma y los controles. Con una banda sonora muy escueta pero brillante en cada aparición, unos diálogos profundos, belleza en cada rincón y dificultad medida, Ghost Song es adictivo en sus 10/12 horas de duración. Una gran sorpresa que, sin llegar a la grandeza de sus fuentes de inspiración principales, ejecuta de manera brillante una obra que me ha calado muy hondo. 

Carlos González Bravo.
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