Análisis God of War Ragnarok | análisis

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Bienvenidos al Ragnarok de los videojuegos

En la mitología nórdica, Ragnarök​ es la batalla del fin del mundo, el destino de los dioses, pero en la imaginaria mitología de los videojuegos, Ragnarok significaría la batalla del fin de los videojuegos, el destino de los videojugadores, donde, si hoy se acabara nuestra existencia, el arte de los videojuegos cerraría la vida por todo lo alto con esta obra, tan alto como la montaña más alta de Grecia desde la que Kratos se tiró un día para morir y así lograr escapar de la locura en la que se sumía. 

Santa Mónica nos prometió cerrar por todo lo alto la historia nórdica de Kratos y el resultado no ha podido ser mejor. Sin remover los cimientos del Gow de 2018, esta continuación eleva la experiencia del plano secuencia a su máxima potencia y de paso nos brinda con un más de todo a lo bestia. La esencia es la misma pero el resultado es redondo, y aunque ya no sorprenda como su predecesor, el juego comienza salvaje e, increíblemente, no va ni a más ni a menos, simplemente se limita a darnos un viaje trepidante de 40 horas sin pisar el freno del acelerador. 

¿De qué va God of War?

God of War es una saga legendaria que además de ser excelente jugablemente, nos presenta una narrativa coherente, muy dura de asimilar y con una gran evolución a lo largo de todas sus entregas. Todas ellas han sumado sentido al universo y no han sido simples añadidos. Por eso me da una tremenda pena que los jugadores más jóvenes no conozcan la historia de Kratos. Porque muchos se han iniciado en el 2018 y difícilmente van a comprender la dimensión del personaje. De nada sirve que les cuenten que Kratos fue un ser despiadado, malvado y sanguinario y que ahora está en una fase de tormento y redención, por eso me voy a tomar la licencia de hacer un breve resumen de Kratos.

  • Kratos tenía un hermano menor llamado Deimos. Fue secuestrado por Ares durante su infancia para evitar que se cumpliera la profecía sobre la destrucción del Olimpo. Aquí comienzan los problemas con el dios de la guerra. 
  • Kratos se convierte en un gran general del ejército espartano y promete no detenerse hasta que la gloria de Esparta esté en lo más alto. Los métodos de su ejército son sanguinarios. 
  • En un enfrentamiento contra el ejército bárbaro, su ejército es destruido y a punto de ser asesinado por el líder rival, Kratos pide la ayuda de Ares, ofreciéndole su vida a cambio. El dios desciende de los cielos y acaba con todos los enemigos, luego entrega a Kratos las Espadas de Caos que son adheridas a sus brazos por cadenas.
  • Ares le tiende una trampa a Kratos, que acaba así asesinando por error a su mujer e hija. ¿Sabéis por qué la piel de Kratos es blanquecina? Es el castigo por tal acción, de manera que las cenizas de su mujer e hija quedan adheridas sobre su piel de por vida.
  • A partir de ahí, y por resumirlo, Kratos inicia una batalla en múltiples frentes que le acaba llevando a ventilarse a todo el Olimpo uno a uno. Su rabia no hace más que crecer hasta tal punto que Kratos opta finalmente por atravesarse con la espada infundada con el poder de la esperanza. A pesar de la tremenda herida en su estómago, Kratos no muere, y lo siguiente que conocemos es que aparece en tierras nórdicas con un nuevo hijo, Atreus. Se supone que ahora Kratos tiene más de 1070 años.

La evolución de Kratos a partir de este punto es espectacular, y si en Gow (2018) nos mostraban a un Kratos mucho más comedido, en esta obra tenemos a un padre sobreprotector, asustado y atormentado. De hecho, este bien podría haberse llamado God of War Redemption. 

Una obra adulta

La obra es madura y no se esconde, pretende ser mucho más humilde y humana que sus predecesores. La culpa, la gestión de las emociones, el crecimiento, la amistad o la confianza son algunos de los estandartes sobre los que gira la trama. Todo empapado de una mitología vikinga que roza lo enfermizo. A nivel de Lore esto es un gran libro sobre la mitología, desborda información por todos lados y resulta abrumador intentar introducirse en la misma. Hay personajes literalmente residuales que te encuentras de casualidad que cuando los buscas en internet son reales. Ni qué hablar de los personajes secundarios o principales, perfectamente trasladados de los libros al videojuego, toda la dedicación es enfermiza y por eso algunos de los enemigos son tan protagonistas como nuestros aliados. La representación de Thor (Santa Mónica ha hecho mucho marketing a su alrededor) es sencillamente abrumadora. No se si el Thor que los escritos describían se asemejaba más a este o al de las películas, pero sin lugar a dudas, nada se le acerca a la recreación de este personaje, se come la pantalla desde el primer segundo en el que aparece.

¿Y el gameplay? 

La base del combate es idéntica a la entrega de 2018 con la inclusión de las espadas del caos desde el inicio del mismo (fue una de las sorpresas del anterior juego) dando más opciones desde el principio, lo que sumado a la mayor variedad de ataques disponibles y desbloqueables nos permiten contar con un mayor repertorio de ataque. A esto hay que sumarle las reliquias, la posibilidad de infundir cada arma con sus correspondientes elementos (algunos alteran el estado de lo enemigos) escudos y habilidades que podemos asignar a los mismos etc. Gracias a las espadas del caos y dependiendo del escenario, Kratos podrá subirse a zonas más altas desde las cuáles caer sobre los enemigos y desatar ataques muy poderosos. En ese sentido, y aunque no, Kratos no salte, se ha añadido verticalidad y agilidad al combate. Poder manejar a Atreus en ciertas ocasiones es otro plus a la variedad.

Volvemos a tener árboles de habilidades con los que desbloquear ataques de base y especiales, encantamientos, mejoras para los escudos y la personalización en general tanto de armas como armaduras es mayor, pero me quedo con la sensación general de que una vez encuentras el arma que mejor te va, todo lo que te vas a ir encontrando no lo va a mejorar y lo vas a omitir directamente. 

Los combates tienen el ritmo perfectamente medido para alternarlos con los puzles y zonas de exploración. No tendría sentido ir de horda en horda sin detenerse a explorar el escenario y descubrir nueva información o nuevos lugares. Esto es algo a lo que nos tiene acostumbrada la saga y aquí lo borda. El ritmo no decae nunca, han añadido nuevos acertijos que, sin ser extremadamente difíciles, suponen un ligero reto para descansar nuestras maltrechas manos tras cada frenético combate. Y aunque haya quien siga pidiendo puzles complejos, no creo que tengan cabida en un juego que pide ritmo y velocidad para no pestañear un segundo. Los escenarios de cada zona de los 9 reinos son enormes, poco a poco se van expandiendo y alguno roza, sino lo es, el tamaño de muchos sandbox. Como amante de las aventuras, este es un punto que me gusta todavía más que el propio combate. Descubrir todos los lugares, sus misterios, rodear una montaña para poder encontrar la manera de alcanzar ese tesoro que hay en lo más alto de una cascada…es sencillamente adictivo explorar el entorno. A su vez, se han integrado las misiones secundarias casi a la par que las principales, todo con una armonía que nos hace dudar por momentos de si lo que estamos realizando es una tarea de la historia principal o un simple encargo. Esto dice mucho de las misiones secundarias, y es que su nivel es muy bueno. 

La dificultad…mi consejo es iniciar un nivel por encima del que viene por defecto. Llegados a un punto, y salvo los enemigos que sustituyen a las valquirias (aquellos combates terriblemente duros del anterior Gow) el juego puede convertirse en un auténtico paseo. Siempre puedes probar por jugar con la dificultad en caso de atascarte, pero el reto estándar estará en ese punto. 

Derroche técnico

La factura técnica de este videojuego es una locura a todos los niveles y no hablo solo de su rendimiento. En PS5 el juego cuenta con varios modos de fidelidad y rendimiento que nos permiten hacer hasta 4 combinaciones diferentes si cuentas con el televisor o panel adecuado. Creo que la combinación perfecta para sacar el máximo rendimiento a la obra es la del modo rendimiento, donde se mantienen estables los 60fps con una tasa de resolución variable. Pude probar (gracias al HDMI 2.1) a jugar a 120fps y 40fps respectivamente, y creo que el equilibrio perfecto entre una buena resolución y una gran tasa de refresco se encuentra en el modo Rendimiento que viene por defecto, es decir, a 60 fps. 

Todo lo se nos enseña en pantalla tiene detalles insultantemente infinitos. Los modelados de los personajes, el entorno, el más mísero caracol que hay en el último árbol de una selva al que nunca vas a llegar a reparar, está recreado con mimo. Cómo gesticulan los protagonistas, el elenco de voces (en inglés es un derroche, escuchad las voces de Kratos y Thor que os van a helar) la banda sonora que entra, sale, se esconde y te acaricia, las cinemáticas, sin despegarse nunca de ese plano secuencia que ahora es tan valiente que se atreve a abandonar las espaldas de Kratos, los efectos en pantalla, la iluminación…el resultado es bello, asombroso, potente, abrumador. 

  Lo que he sentido

Este es el trozo en el que paso de seguir haciendo una de esas disecciones que tanto gustan en la industria para hablaros de verdad de God of War Ragnarok. ¿Alguna vez habéis conocido literalmente él término de contenerse? Me explico, y añado el ejemplo más evidente de lo que es contenerse. Usain Bolt en Pekín aporreándose el pecho. Eso es contenerse. Tener tanto poder como para tener la obligación moral de no romper barreras que puede algún día sean inalcanzables. Resulta que Santa Mónica es Usain Bolt llegando el primero sin golpearse el pecho. Sin mirar atrás. Sin tener piedad de nadie. Y puedo entender que el indie que llega octavo le mire, sonría y se sienta orgulloso, pues perseguir al más grande solamente puede hacerte crecer. Pero luego están los otros Triple A, los de su liga. Yo si fuera uno de ellos me pondría colorado. ¡Qué bochorno! Contaban con que Kratos se iba a seguir dando en el pecho y el único golpe que hay es el de la tremenda sacudida que les ha dado en los morros. God of war Ragnarok es un disparate. Sabe del tremendo legado que porta a sus espaldas y eso solo le deja dos opciones, encorvarse para soportar el peso o sacar pecho y seguir creciendo. El viaje de Ragnarok es trepidante, emocionante, te puede hacer llorar, te puede hacer reflexionar y te puede abrumar. Lo importante es que hace. Crece, te hace crecer. Te hace sonreír y sostener la firme idea de que si trabajas duro y con pasión todo se puede lograr. Es un viaje que no comienza en tierras nórdicas ni escandinavas, esto comenzó en Grecia hace muchos años y conforme nosotros, niños, hemos ido creciendo, la saga también. Sigue siendo única, especial y fraternal. No se ha olvidado de nosotros, Kratos es un personaje que, dentro de la ficción, es real. Lo hemos conocido en múltiples etapas y aunque no lo creamos, él también ha crecido en lo personal. Porta muchos errores a sus espaldas, algunos catastróficos, otros subsanables, pero igualmente todos inolvidables. Ese tormento que carga supone un peso emocional latente y evidente para el videojugador. Podemos sentir a Kratos como un humano más, pero esto mejor lo comentamos aquí en petit comité, que si lo vamos contando por ahí creerán que estamos locos por humanizar a un ‘dibujito animado’. 

Lo mejor de hablaros de este juego es que no necesito convenceros. He intentado vender hasta el indie más desconocido, pero Gow Ragnarok es ese juego por el cual hay mucha gente que todavía no se ha bajado del barco de los videojuegos. 

No hablamos ya de un juego vende-consolas. Hablamos de un juego sostiene-industrias

Y es que juegos como Gow, son sencillamente juegos que siguen sosteniendo ellos solos la industria, justifican el seguir creyendo en esta pasión, la nuestra. Gow es mucho más que un videojuego. Es un trozo de papel en el que va escrito con negrita y letra grande todo el sentido que le da a no colgar las botas nunca. Sabes que no vas a abandonar la industria del videojuego sigas siendo casual, hardcore, pobre o rico, porque nadie en su sano juicio sería tan osado de perderse una aventura como esta. 

Gracias Santa Mónica, no ya por crear grandes videojuegos sino por justificar nuestra pasión por los videojuegos. Habéis vuelto a dignificar el octavo arte y eso es algo que como loco empedernido de este pequeño hobbye que soy, tengo que reconoceros y agradeceros eternamente. Haceos un favor y jugad a God of War. Pero no a Ragnarok. Jugadlos todos. 

Carlos González Bravo

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