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31/12/2025Mandragora: Whispers of the Witch Tree es una de esas sorpresas oscuras que se cuelan entre los lanzamientos del año y te hacen replantearte qué puede ser un RPG de acción en 2025. No es solo un juego más con estética gótica o combate desafiante; es una experiencia en la que el peso de cada decisión, cada puñalada y cada paso en un mundo devastado por la corrupción se siente como parte de una odisea personal, obsesiva y, a ratos, cruelmente bella. Desde su lanzamiento el 17 de abril de 2025, esta obra de Primal Game Studio ha ido construyendo una base sólida de seguidores gracias a su oscuro mundo de fantasía, combate exigente y narrativa envolvente, aunque no sin tropiezos y debates dentro de su comunidad.
Entrar en Mandragora es adentrarse en Faelduum, una tierra donde la realidad se ha rasgado y donde la Entropía —una fuerza corruptora— distorsiona todo lo que toca. Los humanos vivían bajo la firmeza del King Priest y su dogma que prohibía la magia, encargando a los Inquisidores “purgar” toda herejía. Tú eres uno de ellos. Pero ese contexto de fe inquebrantable se rompe desde los primeros compases del juego, cuando un acto impensado te hace absorber el poder de una bruja y comenzar un periplo que te arrastra lejos de la obediencia ciega hacia algo mucho más profundo y personal. La historia no se revela de golpe: se cuece en susurros, en encuentros con personajes memorables y en ese trasfondo inquietante donde la línea entre el bien y el mal es siempre borrosa.

Lo primero que impacta de Mandragora es su mundo. Faelduum no es un mapa lineal que se cruza en cinco horas: es un tapiz interconectado de biomas y regiones —desde murallas de castillos hasta pantanos lóbregos, bosques que parecen respirar y ruinas olvidadas— que te invita a explorar cada rincón. Aproximadamente más de 75 ubicaciones únicas y cerca de 60 misiones esperan al jugador, muchas de ellas ocultas tras portales de Entropía o sellos que solo se abren con habilidades conseguidas más adelante, lo que construye un flujo de juego híbrido entre soulslike y metroidvania clásico.
La narrativa, escrita por Brian Mitsoda —conocido por su trabajo en Vampire: The Masquerade – Bloodlines— sabe cómo hechizar sin regalar todo de entrada. No esperes diálogos interminables o cinemáticas elaboradas; el juego despliega su historia casi a la manera de las mejores aventuras oscuras: la descubres por fragmentos, por decisiones que tomas, por respuestas ambiguas de NPCs o por el simple acto de caminar hacia lo desconocido con un presentimiento en el pecho. Ese modo de contar historias engrana perfectamente con la ambientación tenebrosa y con la banda sonora original del compositor Christos Antoniou, grabada con la FILMharmonic Orchestra de Praga, que aporta una capa de textura sonora impresionante: cuando el silencio pesa y una nota de cuerdas emerge, sientes que el mundo te observa.
Mandragora no se anda con bromas cuando hablamos de combate. Este juego es, ante todo, un RPG de acción con tintes de soulslike y con un sistema de combate que exige timing, precisión y paciencia. Aunque puedes comenzar con controles simples —ataque básico y una habilidad activa— la profundidad llega a medida que avanzas y exploras, porque el combate castiga la indecisión y premia la lectura de patrones enemigos. Esquivar al momento adecuado, colocar ataques cargados y entender cuándo es mejor retroceder para sanar es tan esencial como atacar: morir mucho es parte del camino, no un fallo del jugador.

Algo que distingue fuertemente a Mandragora es su sistema de clases y árboles de talentos. Desde el inicio puedes elegir entre hasta seis clases distintas —como el guerrero Vanguard, el manipulador de magia Flameweaver o el sigiloso Nightshade— cada uno con su propio estilo de combate y rutas de progresión que afectan tanto tus habilidades activas como pasivas. Esto no es decoración; define el ritmo del juego. ¿Quieres ser un maestro de la espada que se lanza al corazón de la batalla? ¿O prefieres un lanzador de hechizos que controla el campo desde lejos? Cada camino se siente distinto y ofrece herramientas únicas para enfrentar a los enemigos y jefes más feroces.
El desarrollo de tu personaje es uno de esos engranajes que te mantienen enganchado durante decenas de horas. Con cientos de mejoras en las ramas de talentos y alrededor de 200 actualizaciones de habilidades activas, cada nuevo punto de talento es una invitación a pensar en builds más complejas, combinaciones locas de efectos y ventajas que cambian radicalmente tu forma de jugar. No es raro verte repitiendo zonas solo para conseguir un punto más o enfrentarte a un jefe con un enfoque completamente distinto tras reconfigurar tu árbol de talentos.
Explorar Faelduum —esa tierra quebrada por la Entropía— no es simplemente avanzar de mapa en mapa: es un modo de juego que celebra la curiosidad. Más allá de la historia principal, hay contratos secundarios, recompensas ocultas, secretos de legado y rincones que solo un ojo atento descubrirá. Algunos lugares están bloqueados por obstáculos ambientales que solo puedes superar con habilidades adquiridas más adelante, lo que dota al mundo de la sensación de ser un organismo vivo que te obliga a mirar dos veces cada pared, cada pasillo y cada esquina.

El combate contra los enemigos es exigente desde el primer minuto. Los adversarios no solo tienen patrones definidos: evolucionan contigo. Un enemigo que parecía trivial hace varias horas puede convertirse en una amenaza real cuando aparece en números o acompañado por criaturas con estadísticas exageradas, lo que te obliga constantemente a leer, adaptarte y reaccionar. Los jefes, por su parte, son espectáculos por derecho propio: no son simplemente muros de vida y daño, sino coreografías de ataque y defensa donde cada fase exige una respuesta distinta y un aprendizaje casi táctico.
Y sí: como muchos juegos dentro de esta vena oscura y desafiante, Mandragora también trae consigo un sistema de muerte y recuperación similar al de los clásicos soulslike, donde perder la vida implica poner a prueba tu habilidad para recuperar tu progreso. Esto genera esa tensión cruda que no muchos juegos logran replicar de forma natural, porque cada victoria contra un enemigo difícil o una sección peligrosa se siente como una conquista personal.
Como suele ocurrir con juegos ambiciosos de este tipo, la recepción no fue lineal. Al principio hubo quejas sobre bugs, equilibrio de combate desnivelado o mecánicas que se sentían prometidas pero no del todo pulidas en lanzamiento. La comunidad incluso recopiló experiencias donde personajes de melé podían sentirse débiles frente a enemigos ranged y algunas mecánicas de movimiento parecían artificialmente restrictivas o frustrantes.

Pero aquí viene el matiz interesante: los desarrolladores han respondido activamente a la retroalimentación. Con parches continuos, ajustando trampas, modificando timing de habilidades como el doble salto, corrigiendo comportamientos enemigos y añadiendo funciones como New Game+ —que te permite reiniciar tu aventura con tu personaje fortalecido y enemigos más desafiantes— la experiencia ha evolucionado considerablemente desde su lanzamiento inicial.
En términos de duración, Mandragora no es un sprint; es una travesía profunda. La historia principal puede extenderse más allá de las 40 horas, especialmente si te paras a absorber misiones secundarias y explorar con detenimiento, y los completistas o amantes de builds complejos pueden alargar su tiempo total de juego a 60 – 80 horas o más, especialmente con el modo New Game+ activado.
Visualmente, su estilo se balancea entre lo artístico y lo oscuro. El mundo no es una pintura detallista al nivel de un AAA, pero tiene coherencia estilística, texturas con personalidad y animaciones que funcionan muy bien con su estética tétrica. Las transiciones entre regiones, la paleta de colores y la manera en que la luz y sombras se manejan contribuyen a la sensación de estar en un mundo decadente donde la belleza y el peligro conviven en una danza constante.

La banda sonora, grabada con una orquesta real, merece mención especial porque no solo ambienta, sino que marca heartbeat en momentos de tensión o descubrimiento. Cuando avanzas por una zona cargada de misterio o te enfrentas a un enemigo formidable, la música no solo acompaña: te envuelve, como si el duelo entre vida y muerte no solo se jugara en la pantalla, sino en tus propias pulsaciones.
Mandragora: Whispers of the Witch Tree, con su combinación de narrativa sombría, combate exigente, mundo intrincado y posibilidades de build verdaderamente profundas, representa lo mejor de lo que un RPG de acción independiente puede ofrecer en 2025. No es perfecto y puede sentirse arduo o frustrante para quienes esperan una experiencia más instantánea, pero para jugadores que aman desentrañar secretos, pulir habilidades y sentir el peso de cada victoria, esta aventura ofrece un viaje memorable.
En definitiva, este juego es más que un título oscuro de fantasía: es un espejo de paciencia, destreza y curiosidad. Un mundo que no solo se explora, sino que se siente, y que recompensa no solo la fuerza, sino la perspicacia del jugador dispuesto a escuchar susurros, enfrentar Entropía y forjar su propio destino bajo la sombra del Witch Tree.

