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El coronel Blade planta el hombro contra una puerta de seguridad, y en la pantalla del terminal contiguo parpadea un prompt de comandos que, en 1998, ya proponía algo que casi ningún shooter de la época se atrevía a plantear: dejar que el propio jugador tecleara su camino hacia la solución en lugar de limitarse a buscar una llave física. Nightdive Studios, con Ritual Entertainment como creador original del juego y Atari de nuevo compartiendo labores de edición, rescata con SiN: Reloaded uno de los títulos más subestimados de la edad dorada del disparo en primera persona, aquel FPS que exprimió el motor de Quake II hasta un punto que pocos contemporáneos se molestaron siquiera en intentar igualar.

La trama sitúa al jugador en la piel de John R. Blade, consultor de seguridad convertido en una suerte de cruzado personal contra el crimen organizado, enfrentado a la doctora Elexis Sinclaire, directora ejecutiva de SinTEK Industries, cuya obsesión por inyectar en las calles de una metrópolis distópica un compuesto capaz de reescribir el propio ADN de quien lo recibe obliga a Blade a replantearse hasta dónde está dispuesto a llegar en nombre de la justicia. Ese tono de ciencia ficción corporativa y mutación genética, con un villano femenino tan seductor como despiadado, aportaba en su momento una personalidad distintiva frente a la avalancha de shooters militares de ciencia ficción que dominaban las estanterías de finales de los noventa, y Blade, con su cruzada casi religiosa contra el crimen convertida en rasgo de carácter explícito, ofrecía un protagonista con más aristas de las que solía permitirse el género en aquel momento.

Lo que realmente distinguió a SiN dentro de su propia generación, y lo que esta restauración se encarga de poner de nuevo en primer plano, fue su apuesta decidida por la interactividad ambiental dentro de cada nivel. Piratear terminales informáticos mediante comandos de estilo DOS, manipular ascensores y cámaras de seguridad para volver el propio escenario en contra de los enemigos, o tomar el control directo de una carretilla elevadora, una lancha patrullera o un helicóptero para resolver tramos enteros desde una perspectiva completamente distinta al simple avance a pie, planteaba un abanico de soluciones que muy pocos shooters de la época se atrevían a ofrecer con semejante amplitud. Esa vocación por dotar de consecuencias tangibles a las decisiones del jugador, generando rutas alternativas según el enfoque escogido en cada misión, anticipaba de alguna manera esa obsesión por la reactividad del entorno que años más tarde convertiría a juegos como Deus Ex en referentes ineludibles del género inmersivo, aunque SiN llegó antes al terreno y con considerablemente menos repercusión crítica de la que en realidad merecía.

El propio sistema de combate incorporó, además, un par de ideas mecánicas que en su día apenas generaron ruido pero que con la distancia del tiempo resultan sorprendentemente adelantadas: la posibilidad de desarmar físicamente a un rival de un golpe bien colocado, dejándolo momentáneamente vulnerable, y un modelo de daño localizado capaz de distinguir según qué parte del cuerpo recibía cada impacto. Esa atención al detalle dentro del propio intercambio de disparos aportaba una capa de profundidad táctica que el shooter clásico de la época rara vez contemplaba, más volcado habitualmente en la cadencia de fuego constante que en la precisión quirúrgica de cada bala, y esa combinación de sistemas explica buena parte del interés que todavía despierta revisitar el título original con perspectiva actual.

Esta edición incorpora, además, el pack de misiones adicionales Wages of Sin, que enfrenta a Blade contra un jefe mafioso igualmente despiadado al mando de un nuevo ejército de mutantes modificados genéticamente, ampliando de forma notable la duración total de la experiencia respecto a la campaña principal y sirviendo, ya en su momento, para expandir tanto el arsenal disponible como el catálogo de enemigos. Reunir ambas campañas bajo un mismo paquete, optimizadas de manera conjunta gracias al motor KEX que Nightdive lleva perfeccionando entrega tras entrega en cada uno de sus rescates de clásicos, garantiza que el recorrido íntegro por el universo de SiN llegue sin fisuras técnicas entre una parte y otra.

El trabajo de restauración visual, sello distintivo de Nightdive desde que el estudio se especializó en rescatar joyas semiolvidadas del shooter de finales de los noventa, se despliega aquí con la generosidad técnica habitual: texturas y modelos en alta definición, soporte de hasta 4K a 144 fotogramas por segundo, antialiasing moderno, y una revisión completa tanto de las pantallas bidimensionales como del arte de los menús, sin renunciar por ello a la posibilidad de alternar en cualquier instante hacia la presentación original de SiN Gold para quien prefiera la fidelidad más estricta al recuerdo de la época. Esa capacidad de intercambiar entre lo remasterizado y lo original, ya convertida en un estándar dentro del catálogo de reediciones de Nightdive, permite comparar de primera mano el salto técnico conseguido y elegir con qué versión disfrutar de cada tramo según el gusto personal de cada jugador.

El esquema de controles, completamente modernizado respecto al de 1998, junto a una interfaz revisada y unos mapas mejorados con la precisión que el propio estudio ya ha demostrado en anteriores proyectos de restauración, elimina buena parte de la fricción que suele acompañar a la reedición de un shooter de aquella generación, concebido originalmente para un esquema de control bastante más rudimentario que el que hoy se da por sentado. Ese trabajo de pulido, que rara vez se percibe de forma explícita pero que resulta determinante para que un título de casi treinta años se sienta jugable con normalidad en la actualidad, es probablemente la labor más ingrata y a la vez más decisiva que Nightdive lleva a cabo en cada uno de sus rescates.

El apartado sonoro se beneficia de esa misma filosofía de restauración cuidadosa, con las composiciones originales de Zak Belika remasterizadas en mayor resolución y sometidas a una nueva mezcla y masterización a cargo de Chris Mock, un trabajo que devuelve fuerza y claridad a una banda sonora que ya en su momento aportaba buena parte de la identidad sonora del juego, con ese pulso entre lo industrial y lo electrónico tan característico del imaginario cyberpunk de finales de los noventa. Esa renovación sonora, sumada a la mejora gráfica general, logra que SiN: Reloaded se sostenga con dignidad en pantallas modernas sin depender exclusivamente de la nostalgia de quien ya lo conocía de antes.

El diseño de niveles, apoyado en esa interactividad tan propia del original, conserva su capacidad de sorprender incluso hoy en día precisamente por lo poco habitual que sigue resultando encontrar un shooter clásico dispuesto a ofrecer tantas vías alternativas de resolución dentro de una misma misión, desde el sabotaje mediante sistemas de seguridad hasta el uso de vehículos como herramienta táctica en lugar de simple decorado de fondo. Esa ambición de diseño, que en su día quedó parcialmente eclipsada por el lanzamiento casi simultáneo de otros títulos con mayor repercusión mediática, encuentra en esta restauración una segunda oportunidad de ser valorada con la perspectiva que el tiempo suele conceder a las obras que se adelantaron a su época sin recibir entonces el reconocimiento que merecían.

Regresar a las calles de esta metrópolis distópica, terminal DOS en mano y helicóptero disponible para cuando el terreno lo exija, deja claro que la ambición de SiN nunca dependió del paso de los años para justificarse, solo de una restauración capaz de devolverle, casi tres décadas después, el brillo técnico que las limitaciones de su propia época nunca le permitieron mostrar del todo.

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