Avance de DERELIKT
25/10/2026
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25/10/2026

Surcos. Cada vuelta los hace más hondos, y cada surco obliga a elegir una línea nueva: la que ayer era la buena hoy te atrapa, y la que parecía imposible se convierte en la única salida. MXGP 26 – The Official Game, de Artefacts Studio y Nacon, construye su identidad sobre esa idea sencilla y brutal, la de una pista que no es un decorado, sino un adversario que cambia durante la carrera. El motocross es un deporte de barro, saltos y tracción que se siente en los antebrazos, y el juego quiere trasladar esa sensación a un mando o a un volante sin perder la esencia de una disciplina donde el margen entre la gloria y el suelo se mide en centímetros.

El juego recoge el campeonato mundial de motocross en su vertiente más oficial. Hay diecinueve circuitos del calendario de MXGP y MX2, entre los que figuran escenarios tan distintos como el volcánico de Briloche, en Argentina, la arena de Riola Sardo, en Cerdeña, la tierra compacta de Pietramurata, en Italia, o la dureza de Loket, en la República Checa. Cada uno propone un tipo de superficie y un estilo de conducción, y recorrerlos permite entender por qué el motocross es una disciplina tan variada: no se corre igual sobre arena suelta que sobre tierra prensada, ni se ataca un salto del mismo modo cuando el suelo se hunde que cuando devuelve la rueda. La variedad de terrenos es una de las columnas del juego y marca el ritmo de la competición.

Dieciséis motos oficiales y un plantel de pilotos reales completan el escaparate. Nombres como Romain Febvre, Maxime Renaux, Kay de Wolf o Calvin Vlaanderen sitúan al jugador entre los protagonistas del campeonato, y las marcas Kawasaki, Husqvarna, Yamaha, KTM y Honda dan al garaje un aire de verdad que los aficionados agradecerán. Esa fidelidad no es solo cosmética: cada fabricante aporta su personalidad mecánica y su estética, y elegir una u otra es parte del placer de moldear una experiencia propia. La licencia oficial es la gran carta de presentación del juego, y se nota en el cuidado con que se reproducen equipos, colores y logotipos.

El motor gráfico ha dado un salto importante con la adopción de Unreal Engine 5. Ese cambio se traduce en entornos más ricos, con iluminación más natural y texturas más detalladas, y en un conjunto visual que gana en espectacularidad sin sacrificar la claridad. El barro salpica, el polvo levanta nubes, la luz atraviesa el paisaje con una definición que antes no estaba al alcance, y la sensación de velocidad se refuerza con efectos que transmiten la violencia de cada aceleración. El juego apunta a los sesenta fotogramas por segundo, una cifra imprescindible en una disciplina donde la lectura del terreno depende de la fluidez de lo que se ve.

La novedad más sugerente está en la física. Artefacts ha rediseñado el comportamiento de la moto alrededor del peso y de la tracción, de manera que el piloto, y no solo el vehículo, se convierte en un elemento activo de cada maniobra. Las animaciones de los pilotos se han renovado y reaccionan de forma más realista a los saltos y a las curvas, y esa mejora se aprecia en la manera en que el cuerpo acompaña a la máquina: se carga sobre el manillar en una frenada, se retrasa en una aceleración, se tensa al aterrizar. Es una evolución de fondo que cambia la sensación de control, y que convierte la conducción en un ejercicio de equilibrio más que de simple dirección.

Quien haya jugado a la serie Monster Energy Supercross reconocerá el esquema general, pero aquí el acento recae más en la naturaleza del terreno y menos en la geometría de los obstáculos. Mientras el supercross se desarrolla en estadios con circuitos artificiales y secuencias de saltos medidos al milímetro, el motocross del mundial se juega sobre trazados abiertos, de suelos naturales y largas rectas donde la tracción es la protagonista. Esa diferencia define la propuesta del juego: se trata de leer el suelo, de encontrar el agarre y de administrar la moto, más que de memorizar ritmos de saltos. Los aficionados a MX vs ATV encontrarán una dimensión más rigurosa y menos arcade.

La deformación dinámica de la pista es el elemento que mejor resume esa filosofía. Las líneas que dejan los pilotos al pasar se convierten en surcos que persisten y evolucionan, y esos surcos alteran el comportamiento de las motos en las vueltas siguientes. A medida que avanza la carrera, el trazado ideal cambia, y el jugador debe adaptarse, buscando agarres nuevos y evitando los baches que se forman en las zonas de más tráfico. Es un sistema que recuerda a lo que Dirt Rally hizo con las superficies sueltas en los rallies, y que aquí cobra sentido porque el motocross vive precisamente de esa degradación del terreno. La carrera se vuelve una lucha contra la pista tanto como contra los rivales.

La arena, que se trata como una superficie propia, merece mención aparte. Rodar sobre arena exige un tipo de conducción distinto, con más aceleración sostenida, menos frenada brusca y una atención constante a cómo se hunde la rueda trasera, y el juego diferencia ese comportamiento con claridad. Esa separación de superficies es otro ejemplo del interés por el detalle técnico, y da a las carreras en circuitos arenosos una personalidad que se distingue de inmediato. Quien venga de pistas de tierra dura notará el cambio, y aprender a manejar la moto sobre cada superficie es parte del recorrido de crecimiento del piloto virtual.

En cuanto a los modos de juego, la oferta cubre las bases con solidez. Está el Gran Premio, para correr una prueba suelta; el Campeonato, que ordena las carreras en una temporada; la Contrarreloj, que permite perfeccionar el tiempo por vuelta; y el multijugador en línea, con carreras de hasta diez pilotos. A todo ello se suma el Compound, una zona de práctica de movimiento libre donde se pueden ensayar saltos, probar la moto y entrenar sin la presión de la competición. Es un espacio pensado para ganar confianza, y se agradece que el juego dedique un lugar a explorar sus mecánicas sin consecuencias, porque el motocross exige práctica y paciencia.

El Campeonato, por su parte, aporta la dimensión de largo recorrido. Una temporada completa exige constancia, porque un mal fin de semana pesa en la clasificación y una racha de buenos resultados abre la puerta a los puestos de honor. La presencia de las clases MXGP y MX2 del calendario oficial añade variedad al reto, ya que cada categoría tiene su ritmo y sus rivales, y el jugador puede plantearse la temporada como un proyecto personal, con sus altibajos y sus momentos de gloria. Ese hilo de progreso, hecho de carreras sueltas que se suman, es el que da sentido a cada vuelta.

El multijugador es el escaparate natural de ese aprendizaje. Competir contra otros nueve pilotos en la misma pista implica enfrentarse a surcos que se forman de manera caótica, a salidas apretadas y a adelantamientos que se deciden en una curva. La tensión de una largada con tantos competidores es una de las imágenes más reconocibles del deporte, y el juego la reproduce con convicción. Cada carrera se convierte en una pequeña historia de pugna, con errores, remontadas y momentos de brillantez que se recuerdan, y la dinámica de la pista cambiante ayuda a que ninguna se parezca a la anterior.

La personalización es otra de las ventajas de la entrega. El jugador puede crear a su propio piloto y vestirlo con equipamiento real de marcas como Fox Racing, Alpinestars, Scott o Airoh, desde cascos y botas hasta guantes y gafas, y customizar la moto con elementos de los fabricantes oficiales. El paddock dinámico, con las libreas de los equipos y los kits de pegatinas desbloqueables, completa un escaparate donde el aspecto importa y el piloto se siente parte de un equipo. Esa dimensión identitaria es una forma de implicación emocional con el juego: la moto deja de ser un vehículo para convertirse en una declaración de estilo.

La nueva vista en primera persona desde el casco es otra de las sorpresas. Ver la pista a través de la visera, con el manillar al frente y la tierra volando alrededor, aporta una inmersión que cambia por completo la manera de percibir la velocidad y los saltos. No es una cámara cómoda para todos, pero sí la más cercana a lo que siente un piloto, y su inclusión demuestra la intención de ofrecer distintas formas de vivir la carrera. Con campos de visión ajustables para cada cámara, cada jugador puede encontrar el punto en el que la velocidad se percibe con claridad y la lectura del terreno resulta natural.

La Contrarreloj merece un elogio discreto. Es el modo donde la moto y el jugador se quedan solos con el cronómetro, y donde cada décima se disputa con una obsesión casi terapéutica. Repetir una curva hasta encontrar la trazada perfecta, pulir la salida de un salto o ganar medio segundo en una recta de arena son pequeñas conquistas que el modo celebra sin ruido, y que sirven de entrenamiento para las carreras de verdad. Quien disfruta puliendo hasta el último detalle encuentra aquí su lugar.

La suciedad es un detalle más que contribuye a esa inmersión. A lo largo de la carrera, el equipo y las motos se ensucian según el clima y la superficie de la pista, y esa acumulación de barro y polvo refleja el paso del tiempo con una verosimilitud que se aprecia a simple vista. Ver al piloto cubierto de barro al final de una carrera lluviosa o a la moto cubierta de polvo tras una prueba en arena es una forma de narración visual que no necesita palabras. Es el tipo de detalle que convierte una simulación en una experiencia con textura.

En el apartado sonoro, el rugido de los motores y el silbido del aire acompañan al jugador con una presencia que subraya la intensidad de cada acelerón. El ruido del barro golpeando el chasis, el chasquido de las ruedas al aterrizar y el murmullo de la multitud en las zonas de espectadores crean una atmósfera sonora que da peso a las carreras. La claridad con que se distinguen los sonidos ayuda a leer el estado de la moto, y el entorno sonoro de cada circuito refuerza su carácter. En un deporte tan físico, el sonido es una prolongación del tacto.

Desde el punto de vista del manejo, el juego pide un tiempo de adaptación. Las motos responden con un peso que obliga a anticipar los movimientos, y el equilibrio entre aceleración, frenada y postura del piloto marca la diferencia en cada curva. Es un sistema que premia la precisión y castiga el exceso, y que se vuelve gratificante cuando se domina. La curva de aprendizaje se suaviza con el Compound y con la libertad de probar, y el jugador que dedica tiempo a comprender la física encuentra una experiencia profunda que se siente cada vez más natural.

El rendimiento técnico acompaña con estabilidad. Los modos de carrera se desarrollan con fluidez, la respuesta de los controles es inmediata y las transiciones entre pantallas y entre pista y paddock son ágiles. La interfaz, clara y funcional, permite gestionar equipamiento, motos y ajustes sin perder tiempo, y las opciones de cámara y campo de visión se modifican con comodidad. Esa solidez es fundamental en un juego de competición, donde cualquier retraso rompe la inmersión, y aquí se mantiene un nivel que favorece la concentración.

El conjunto resulta coherente con la ambición de ser el videojuego oficial del campeonato. La combinación de licencia, motor gráfico moderno, física reconstruida y pistas que se deforman ofrece una propuesta con identidad propia, y las novedades se orientan a un mismo objetivo: acercar la experiencia al barro real. Caben el espectáculo y el rigor a la vez, y el equilibrio entre ambos permite que tanto el aficionado al deporte como el que llega por primera vez encuentren razones para quedarse.

Lo que queda tras varias carreras es la certeza de que cada vuelta cuenta. En MXGP 26 no se gana con una sola decisión, sino con una acumulación de pequeños ajustes: la línea elegida, la entrada en una curva, el aterrizaje de un salto, la gestión de un surco. Esa suma de matices, difícil de percibir desde fuera pero muy presente en el mando, es lo que le da al juego su carácter, y lo que convierte cada carrera en una pequeña lección de motocross.

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